Cae otra gota entre nosotros, el cielo se ilumina y tú te crees el rey otra vez. Sostienes mi muñeca con fuerza, como si de ese modo consiguieras retenerme y yo te perteneciera. Como si eso no fuera inevitable ya...
Pese a todo no cuentas con que hoy, antes de salir de la habitación lo he dejado todo allí. No queda ni un estúpido resquicio de tu magnetismo en mi.
Agachas la cabeza con tu sonrisa preferida en los labios.
-¿Dónde vas?- no te escucho, no quiero hacerlo, hoy no.
-¡ Suéltame!- tiro con fuerza sintiendo como mi pelo y mis ojos se inundan progresivamente. Me intento auto convencer de que la lluvia es la causante. No quiero averiguar cómo estaré después de dejarte atrás.
-No. - tu voz suena queda, contundente pero hueca y con un tirón brusco me estampas contra tu cuerpo. Se oye un trueno a lo lejos, pero yo siento como todos mis huesos se rompen. Y tu piel, el contacto con tu piel se hace mucho más duro de lo que imaginaba. Vas a acabar con todo tu solo. Es como si todo ese mundo en el que antes se me había hecho fácil, sencillo vivir. Ahora se me antojara desesperante y complicado. Desesperante porque no entiendes mis palabras, porque no las quieres entender, porque la única opinión que cabe en tu cabeza es la tuya.
Tus manos sujetan mi cara con esa dulzura vacía que siempre consigue atraparme . "Todo es fachada" me dijiste una vez. "En realidad todo se reduce a ti, a tus manos, a tu pelo... Eres tú, ella eres tú."
Tus ojos se me hacen insoportables, se han vuelto completamente negros. El habitual marrón no esta, no hay ninguna salida y me atrapan hasta el fondo de tu pupila. Con premeditación. Nada te importa cuando quieres algo, ni siquiera tú.
Noto tu frente mojada sobre la mía. Y con ese contacto noto también tu dolor. Me cala dentro, más que toda esa horrible tormenta a nuestro alrededor. Más... siempre consigues que las cosas vayan a más.
-No lo hagas.- otro trueno.
Cierro los ojos como si así se hiciera más soportable la situación.
-¿Sabes?- era otra vez tu voz. -Parece que huyes.
-¿Qué? No lo hago. ¿De qué tendría que huir?- titubee como una niña.
Hubo una pausa. Escuché la lluvia con la ligera esperanza de que me cayera un rayo. Oí un grito divertido a lo lejos. Y choque mi frente con la tuya con un ligero golpecito esperando tu respuesta.
-No sé si huyes buscando algo que deseas, o huyes dejando algo que te da miedo desear.
-Lo único que deseo es a ti.
-A eso me refiero, no lo entiendes. Es a mi a quien deseas pero también crees que no deberías hacerlo. Por eso te auto destruyes y te obligas a odiarme. Conozco todo este juego estúpido y dudo que puedas acabar con él sin hacerte mucho daño. -su voz eran apenas susurros inaudibles, inteligibles. Pero demasiado persuasivos para mi.
-Lo que yo creo es que al que haría daño es a ti y tienes miedo de sufrir.
-Es absolutamente cierto y aunque quisiera no podría ocultarlo. Pero lamentablemente no soy el único que sufriria en esta historia de mierda. Nada es díficil, sólo tú. Solo es el mapa de tus sentimientos que quiere encontrar el norte. Pero lo que todavía no entiendes es que yo soy tu norte, de igual forma que tu eres mi sur.