“¿Qué es un error? Yo no
me muevo por premisas. Primero te hago el amor y luego decido si es un error” me dices entre caladas de mentiras.
Típico de señoritas como tú, en realidad nadie daría nada por ti, porque no
lo vales… Te dedicas a encender niñatos mientras yo hago huecos en mi órgano preferido.
Me basto con las manos cuando me faltas en las noches. Trago techo, como nunca,
y decido que lo mejor es vivir sin la certeza
de que estás en la cama de cualquier imbécil que mañana no se acordará de ti.
