Canta... con un cigarro en la mano, al que no presta mucha importancia. Su cara se contrae una y mil veces en gestos, con los que lo más seguro, transmite todas esas verdades. Desfiguran su cara, pero aún así no deja de ser hermoso a su manera, un adonis del siglo pasado. Con los ojos azules cerrados de pura pasión y los labios moviéndose descontroladamente calla a todos los demás que le rodean.
Me provoca la melancolía propia de una de esas tardes de domingo sin nada que hacer. Pero si cierro los ojos, todo cambia. Él es todos y yo soy nadie.
Acaba su sublime desplegue y se marcha de forma vulgar, elegante... o las dos quizá.
Os saluda digno y roto el capitán.
No hay comentarios:
Publicar un comentario