Y si decide tocarte, ya puedes intentar mantenerte ateo.
Que si ella está, las cosas son.
Y si no está, sólo hacen de punto y seguido entre tantos espacios.
Ella no sonríe, ella te dedica su boca.
A ella no le expliques lo que es volver, porque ella siempre va.
No le hace falta que lo entiendas.
Ni que lo comprendas.Ni tan siquiera que lo compartas.
Ella no espera nada de ti. No desesperes nada de ella.
Porque ella jamás se apunta. En todo caso se enrola. Se embarca. Se lía.
No le pidas medias tintas, porque fue ella quien se bebió el tintero.
No le sigas la corriente, porque acabarás luchando solo contra los dos.
Y cuanto más te acostumbres, peor será el olvido.
Ella no camina, ella mueve el mundo con sus pies.
Ella ni es verdad ni es mentira, tontería y tratar de meterla en un diccionario.
Si la respuesta es ella, cualquiera pudo haber sido la pregunta.
Y si ella fue la pregunta, respondas lo que respondas te equivocas.
Para confiar en ella hay que empezar por desconfiar en uno mismo.
Quererse poco, flojito, de lado y sin querer.
Cenarse la esperanza y beberse de un trago los nunca más.
Volverse un nadie cualquiera.
Borrarse la cara de vergüenza.
Y bajarse el orgullo hasta los tobillos.
Gran Risto Mejide



