domingo, 27 de mayo de 2012

Tú mismo

Ella no mira. Ella toca con esos ojazos. 
Y si decide tocarte, ya puedes intentar mantenerte ateo.
Que si ella está, las cosas son.
Y si no está, sólo hacen de punto y seguido entre tantos espacios.
Ella no sonríe, ella te dedica su boca.
A ella no le expliques lo que es volver, porque ella siempre va.
No le hace falta que lo entiendas.
Ni que lo comprendas.
Ni tan siquiera que lo compartas.
Ella no espera nada de ti. No desesperes nada de ella.
Porque ella jamás se apunta. En todo caso se enrola. Se embarca. Se lía.
No le pidas medias tintas, porque fue ella quien se bebió el tintero.
No le sigas la corriente, porque acabarás luchando solo contra los dos.
Y cuanto más te acostumbres, peor será el olvido.
Ella no camina, ella mueve el mundo con sus pies.
Ella ni es verdad ni es mentira, tontería y tratar de meterla en un diccionario.
Si la respuesta es ella, cualquiera pudo haber sido la pregunta.
Y si ella fue la pregunta, respondas lo que respondas te equivocas.
Para confiar en ella hay que empezar por desconfiar en uno mismo.
Quererse poco, flojito, de lado y sin querer.
Cenarse la esperanza y beberse de un trago los nunca más.
Volverse un nadie cualquiera.
Borrarse la cara de vergüenza.
Y bajarse el orgullo hasta los tobillos.




                                                                                                                                
                                                                                                                              Gran Risto Mejide

viernes, 25 de mayo de 2012

Rara

Me dejaste en el mismo lugar, a la misma hora. Ya me estoy acostumbrando a esperar. 
Te llevaste un página más, un capítulo que nunca terminará, una historia vacía que extraña su final. Puedo ser la que siempre se queda atrás, puedo esperar toda la eternidad...
Me sacaste de mi. Te quedaste de más. Me dejaste el corazón extraño. 



Me dejaste Rara, muy rara...

miércoles, 9 de mayo de 2012

Antología de tu indiferencia

Ya no te veo en cualquier cielo gris... 
Voy ha hacerte una canción que hable en realidad de ti, la más bella de Madrid. 
Y nada más. 
Voy a ser la habitación dónde te miraba al dormir. 
Voy a contar la verdad, aunque te duela...

No todo fue malo, hubo un día en el que dí la primavera en tu boca. Cuando no mordías...
¿Cómo puede ser un código penal y legalicen tu veneno?
¿Cómo hiciste lagrimear a aquel pintor que retrató tu soledad?


miércoles, 2 de mayo de 2012

El ventanillo se abría al cielo oscuro de la noche. La lampará encendida hacía más alto y más inmóvil a Román, sólo respirando en su música. Y a mí llegaban en oleadas, primero ingenuos recuerdos, sueños, luchas, mi propio presente vacilante, y luego agudas alegrías, tristezas, desesperación, una crispación impotente de la vida y un anegarse en la nada. Mi propia muerte, el sentimiento de mi desaparición total hecha belleza, angustiosa armonía sin luz.
Y de pronto un silencio enorme y luego la voz de Román:
- A ti se te podría hipnotizar...¿Qué te dice la música?
Inmediatamente se me cerraban las manos y alma.
- Nada, no sé, sólo me gusta...
- No es verdad. Dime lo que te dice. Lo que te dice al final.
-Nada.
Me miraba defraudado un momento. Luego, mientras guardaba el violín:
- No es verdad.


                                                                                                                                                        "Nada"