A mitad de junio es difícil encontrar la noche. Eran cerca de las ocho y sólo me quedaban dos minutos más contigo. Las rayas de tu camiseta se enrollaban entre tu espontaneidad, nada era difícil... No tenía miedo de que me olvidarás todavía. Desfilaban palabras huecas a nuestro alrededor que me distraían de ti. Sólo quería sentirme viva y tú estabas tan guapo esa tarde, con esa sonrisa inherente a ti. Me rendí ante tus encantos ya hace tiempo.
¿Qué decir?, si ya sabes que me desmontaría ante la expectativa de pasar la noche castigada en tu habitación. Pidiéndole al silencio que bajase la voz. Aguardando entre suspiros que te rindieras de una vez.
Para ti, para no variar.
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