Alzó
la mirada y clavó sus ojos verdes sobre los míos.
-¿¡Qué
se supone que tengo que hacer!? ¡Joder! ¿¡Qué hago!? Pasarme la
vida con una sonrisa idiota, esperando a que llegue el día en que te
des cuenta de lo que siento por ti. De que cada vez que te marchas
dejas un vacío horrible en mi vida, que no se llena hasta que vuelvo
a oír tu voz. -esbozó una sonrisa amarga. -Lo siento pero no puedo.
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